martes, 19 de julio de 2011

Invierno de verano

Me he sentido fuera de ti, como en una nube que nos ha separado por el rumbo del viento.

Me he sentido celosa de tu tiempo y de tu espacio, de todos esos detalles que yo no puedo ver, que no puedo compartir, que se han quedado en tu rostro, en tus manos, en tu ser.

Me he quedado con las ganas de amarte, de susurrarte el oído lo importante que eres para mí, la manera de apretar tu mano debajo de la almohada antes de dormir y de sentir tus pulmones en mi espalda.

Fuiste sol de verano en aquella ocasión, fuiste diversión en invierno, fuiste mi romance pausado, curioso, lento, mudo; fuiste el descubrimiento de otro mundo y de otra piel.

Fuiste paciente con mi alma soberbia, con mi actitud de fortaleza frente a ninguna ofensa, fuiste la paz que no había tenido y toda esa comprensión que no necesitaba.

Ahora he crecido contigo, con el amor, con las manos, los dedos, los ojos, los labios, el sexo, las piernas, la cama, el sol, las palabras, la tristeza y la profunda desesperación de nuestra lejanía.

Me has despertado en sentidos de ternura, en proyecciones a futuro que poco había meditado.

Quiero seguir creciendo contigo, en tu vida y en la mía resguardando todo nuestro aliento, nuestros recuerdos en sueños posibles en los que podemos trabajar.

Te extraño con la intensidad de cada nervio, de cada neurona, de cada lágrima, de las noches sin ti. Te extraño con el desperdicio de los segundos y la desesperación de la locura. Te extraño con la inmensidad del mundo y de sus sueños. Te extraño y te espero con los sentidos abiertos de un futuro razonable lleno de posibilidades.

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