Te has ganado la nada, maldita soledad, me perseguías cual rata tratando de roer mi piel.
Me levanto por la mañana, sin el sentido natural de las horas y el día, porque ahora que está la nada, me la he ganado a pulso.
Me llevo sola al imaginario de un país surrealista, que parece escrito por Kafka y dibujado por Van Gogh... ¡Qué casualidad! mi país, tan grande y apasionante, donde no hay nada, ni tiempo, ni escrúpulos, ni conciencia, ni paz... pero hay amor y cerveza, hay música y dolores pasado, violiencia no resuelta, sentidos perdidos como la dignidad y el atropello.
Pero no importa, porque el sol nos cura y nos enferma como la luna cuando aparece, incluso en el DF.
¿Y qué te voy a dejar? la nada. A lo mejor tu cambio lento y permanente que me deja ciega y muda cuando leo sobre tí. Te dejas influenciar por las grandes ligas, por el dinero y el bloff, dejas que tu salud se deteriore y que las epidemias te carcoman; pero no importa porque cada día sale el sol, cada día existe una cerveza y un nuevo dolor que contar, una nueva risa que dar y un nuevo amor que descubrir. Eso es México, eso y más, es todo lo que Octavio Paz ya no pudo escribir, lo que Van Gogh no pudo pintar y lo que Kafka dejó de pensar.
Por eso nos hemos ganado la nada, la nada como el contrario del todo, nos hemos ganado el vacío de la nada donde todo cabe y todo es posible de existir y cambiar.
Por eso no me importa dejarte la nada, porque me has llenado de todo y pretendo volver a dejarte mi piel y mis cantos dolidos del mariachi borracho, mi querido México.
sábado, 25 de abril de 2009
martes, 21 de abril de 2009
de la libertad y otros azares
Te veo como en el filo de mis dedos y mi cuello,
te veo en la nieve y el sofá...
y me imagino las desveladas y las pláticas sin-sentido de nuestras risas.
Ésas que desfiguraban nuestro rostro con tan solo la imitación de la fantasía.
Me imagino los momentos en los que estuvimos prensados de labios y alma, cuando en el despertar del frío nuestros cuerpos se encontraban ya unificados para evadir la sensación de la soledad invernal.
Me acuerdo de los momentos en los que el sol estaba en el imaginario colectivo como un viejo recuerdo de las calles y de la piel, ahora blanqueadas por el tiempo. Tu compañía en las calles blancas que se empeñaban por sobrevivir, aún cuando el olvido las asechaba.
Ahora solo tengo la compañía de tu voz que viaja a la velocidad de la luz para escucharte y mirar tu cara por una camarita, producto de la tecnología. Esa en la que el impresionismo nos hace creer que nos miramos a los ojos y que la surrealidad nos dice que nos tocamos; pero la verdad sólo nos recoge en sus brazos para decirnos que es una ilusión óptica y que la distancia aún nos separa por kilómetros tangibles económicamente.
¿Te has dado cuenta cómo nos vamos acercando más?
Porque eso que llaman Amor nos ha llenado de químicos cerebrales llamados esperanza de vivir una vida juntos.
Y ahora sólo camino con la cabeza hacia el frente, tratando de evadir el trasfondo de suma racionalidad que termine con la espontaneidad y seriedad de este momento. Finalmente llegaremos a algún lado, y el cuento de hadas se terminará cuando lo decidamos. Por ahora, sólo quedan los destellos del pasado en el que nos encontramos como mera coincidencia de suerte y azar; en la que decidimos tirar los dados de nuevo y esperarnos para recorrer lo que todavía nos falta caminar.
Te amo, aunque el amor no exista.
te veo en la nieve y el sofá...
y me imagino las desveladas y las pláticas sin-sentido de nuestras risas.
Ésas que desfiguraban nuestro rostro con tan solo la imitación de la fantasía.
Me imagino los momentos en los que estuvimos prensados de labios y alma, cuando en el despertar del frío nuestros cuerpos se encontraban ya unificados para evadir la sensación de la soledad invernal.
Me acuerdo de los momentos en los que el sol estaba en el imaginario colectivo como un viejo recuerdo de las calles y de la piel, ahora blanqueadas por el tiempo. Tu compañía en las calles blancas que se empeñaban por sobrevivir, aún cuando el olvido las asechaba.
Ahora solo tengo la compañía de tu voz que viaja a la velocidad de la luz para escucharte y mirar tu cara por una camarita, producto de la tecnología. Esa en la que el impresionismo nos hace creer que nos miramos a los ojos y que la surrealidad nos dice que nos tocamos; pero la verdad sólo nos recoge en sus brazos para decirnos que es una ilusión óptica y que la distancia aún nos separa por kilómetros tangibles económicamente.
¿Te has dado cuenta cómo nos vamos acercando más?
Porque eso que llaman Amor nos ha llenado de químicos cerebrales llamados esperanza de vivir una vida juntos.
Y ahora sólo camino con la cabeza hacia el frente, tratando de evadir el trasfondo de suma racionalidad que termine con la espontaneidad y seriedad de este momento. Finalmente llegaremos a algún lado, y el cuento de hadas se terminará cuando lo decidamos. Por ahora, sólo quedan los destellos del pasado en el que nos encontramos como mera coincidencia de suerte y azar; en la que decidimos tirar los dados de nuevo y esperarnos para recorrer lo que todavía nos falta caminar.
Te amo, aunque el amor no exista.
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