Me tumbé en el pasto pensando en las flores del futuro...
cómo irían a evolucionar, si cambiarían de colores o quedarían sin color.
Me tumbé en el pasto pensando en que volvería a verte y que a lo mejor ya no sería lo mismo...
Y entonces pensé en mi futuro, que no tenía que ver con flores ni colores,
que tenía que ver con la realidad y sus miedos.
Me vi hundida en la tierra, con árboles por encima que no escondían la urbe agobiante...
Pensaba en esa realidad cambiante, pero sobre todo de la percepción que se tiene de esa realidad perversa, que es dinámica y se te pierde cuando la vas entiendo por fin.
Me escuchaba pensando que el sol se ve diferente... hoy está mas amarillo, más naranja... a lo mejor está más contento [silencio mental] o a lo mejor cada año se repinta siguiendo el feng shui, ruega al universo que no lo desaparezca y yo ruego que me siga pegando
aunque muera de sol
pero uno no puede morir de sol, muere de calor, de deshidratación, de quemaduras; puede uno morir de hambre, de sed o ... ahogada
¡es el colmo!
pero uno también muere de amor, de tristeza, de stress... uno muere porquito cuando extraña, cuando no está y cuando el sol no sale o se va temprano
a mi el sol me engaña con el futuro, dos patanes enamorados que se van sin dar explicaciones, que no les importa las consecuencias y no te dicen ni tantito que va a pasar. El sol amenaza, el futuro mata...
al menos algo seguro.
Sigo hundida en el pasto, metida en la corteza de un árbol y sus ramas, escuchando los petirrojos e ignorando a la urbe contaminante y agobiante, evadiendo su concreto y su smog...
Dejo que el sol me haga suya mientras observo su luz en el cielo medio azul.