Te veo como en el filo de mis dedos y mi cuello,
te veo en la nieve y el sofá...
y me imagino las desveladas y las pláticas sin-sentido de nuestras risas.
Ésas que desfiguraban nuestro rostro con tan solo la imitación de la fantasía.
Me imagino los momentos en los que estuvimos prensados de labios y alma, cuando en el despertar del frío nuestros cuerpos se encontraban ya unificados para evadir la sensación de la soledad invernal.
Me acuerdo de los momentos en los que el sol estaba en el imaginario colectivo como un viejo recuerdo de las calles y de la piel, ahora blanqueadas por el tiempo. Tu compañía en las calles blancas que se empeñaban por sobrevivir, aún cuando el olvido las asechaba.
Ahora solo tengo la compañía de tu voz que viaja a la velocidad de la luz para escucharte y mirar tu cara por una camarita, producto de la tecnología. Esa en la que el impresionismo nos hace creer que nos miramos a los ojos y que la surrealidad nos dice que nos tocamos; pero la verdad sólo nos recoge en sus brazos para decirnos que es una ilusión óptica y que la distancia aún nos separa por kilómetros tangibles económicamente.
¿Te has dado cuenta cómo nos vamos acercando más?
Porque eso que llaman Amor nos ha llenado de químicos cerebrales llamados esperanza de vivir una vida juntos.
Y ahora sólo camino con la cabeza hacia el frente, tratando de evadir el trasfondo de suma racionalidad que termine con la espontaneidad y seriedad de este momento. Finalmente llegaremos a algún lado, y el cuento de hadas se terminará cuando lo decidamos. Por ahora, sólo quedan los destellos del pasado en el que nos encontramos como mera coincidencia de suerte y azar; en la que decidimos tirar los dados de nuevo y esperarnos para recorrer lo que todavía nos falta caminar.
Te amo, aunque el amor no exista.
2 comentarios:
azar sin h
gracias por la observación
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